
Demarydepapel — Collage emotivo
Sobre mi trabajo:
A través del collage trato de contar historias visuales sobre la niña interior, la memoria y el mundo emocional femenino. Me interesa ese territorio donde los recuerdos, la imaginación y la sensibilidad se mezclan, como si cada collage fuera una página de un diario visual hecho de imágenes.
Trabajo principalmente con:
Recortes de papel.
Imágenes vintage.
Fragmentos tipográficos.
Elementos de la naturaleza.
En mis composiciones aparecen con frecuencia símbolos como ojos, mariposas, círculos, flores o cuerpos celestes, que funcionan como metáforas de la mirada interior, la transformación y el paso del tiempo. Mis obras combinan tonos cálidos vintage con acentos intensos que dan energía , utilizando principalmente rojos, amarillos, naranjas y azules.
El collage, para mí, es una forma de escribir sin palabras. A través de capas de papel, texturas y símbolos, intento crear espacios poéticos donde quien mira pueda encontrar resonancias propias: recuerdos, preguntas o emociones. Cada obra es una exploración de lo íntimo y lo simbólico, construida a partir de fragmentos que, al reunirse, forman nuevas historias.
Cómo comencé con el collage:
Mi acercamiento al collage ha sido completamente autodidacta. Mi formación académica pertenece a otro ámbito: soy licenciada en Administración. Sin embargo, el trabajo con el papel, las imágenes y los símbolos se fue convirtiendo con el tiempo en una forma personal de exploración y expresión artística.
Desde niña siempre tuve inclinación a lo artístico. Era más bien introvertida; me gustaba mucho leer y escribir. A veces prefería quedarme en casa con un libro antes que salir a jugar. Siempre me sentí un poco “rara”, como siendo parte del mundo desde un lugar lateral. En la adolescencia les escribía cartas a mis amigos, largas y muy sentimentales.
De grande me acerqué a la fotografía. Hice algunos cursos, tuve una cámara, pero no sostuve la práctica. Hoy es algo que también me inspira: el arte de observar y captar momentos con mi teléfono.
El interés por el arte siguió apareciendo de distintas formas: me anoté en talleres de haiku, de escritura, conocí nombres de pintores y esculturas que me conmovían. Con la llegada de las redes sociales empecé a seguir cuentas relacionadas y se abrió un mundo de inspiración y posibilidades. Hasta que un día apareció el collage.
Poco antes de la pandemia hice mi primer workshop y una chispita interna se encendió. El collage me pareció una de las disciplinas más libres que conocí: no exige técnica, ni materiales costosos, ni un sentido estético particular. Solo tiempo, manos y conectar con lo que nos mueve dentro.
Pasar horas cortando y pegando papeles para componer nuevos mundos es, para mí, alquimia pura. Siento que encontré el canal que mejor expresa mi esencia: ecléctica y sensible, con ganas de decir, de reflexionar y procesar emociones. Hoy reconozco que la creatividad, la sensibilidad y la intuición siempre estuvieron en mí esperando su espacio.