
Un caballito de cartón recuperado se repite.
Vuelve.
Aparece contenido en pequeños espacios, como si cada imagen fuera una caja, un refugio, una escena mínima.
El cartón —material usado, cargado de historia— sostiene una figura frágil que insiste en permanecer.
Fragmentos de texto, cielos recortados, estrellas y restos de imágenes rodean al caballito sin cerrarlo en un relato único. Hay palabras incompletas, sentidos suspendidos. Lo que importa no es avanzar, sino estar: mantenerse en pie dentro de un marco estrecho, doméstico, casi secreto.
El formato pequeño obliga a acercarse. La mirada entra despacio, como quien espía un recuerdo. Estas obras no narran una historia lineal: reúnen restos, gestos y memorias.
Lo descartado se vuelve escena. Lo mínimo, persistencia.
El caballito no corre no salta…permanece.
Material: papel y cartón recuperado.
Medida: 15 x 10 cm
Crecí observando paisajes y personas en innumerables viajes y traslados. Mis ojos atravesaban ventanillas de vagones de trenes, automóviles, colectivos, micros de corta y larga distancia, aviones, escotillas de barcos y hasta oscuras ventanas de subtes con sus reflejos infieles. Eran momentos de ensoñación personal. Esos paisajes que se tornaban cinematográficos y personas que se volvían personajes, me hablaban, me contaban historias, muchas veces raras, inverosímiles, supuestas, divertidas.
Tome muchos cursos de fotografía, para captar esos relatos en imágenes. Pero fue en el collage analógico dónde encontré el formato para desplegar esas historias raras, fuera de plano, con poesía visual, que a veces encuentran un lugar en alguno de mis collages terminados, ¿o no?, ¿Qué importa?, si lo divertido fue y será el proceso, y tal vez una gota de felicidad al terminarlos.
Actualmente estoy viviendo mi jubileo en las sierras cordobesas de argentina y mi casa tiene muchas pero muchas ventanas…
Mi disparador tiene tres canales: El magnetismo y fuerza que percibo de alguna imagen en papel. La carga emocional de algún pequeño objeto, propio, heredado, encontrado u obsequiado. El gozo de encontrar alguna fotografía familiar añeja que me cuenta un momento del pasado. Esas ventanas me empujan a investigar, indagar, conectarme para crear supuestos, ficcionando situaciones, jugando, fantaseando.
Dos libros han sido gestados, siguiendo esos disparadores: Poética de una casa que se va (2020), y De Olegaria a esta parte. Una intervención dialéctica ilustrada (2023).
Cecilia Gora, nacida en Buenos Aires en noviembre de 1959.
Estudió en la Escuela Nacional de Danzas “María Ruanova”, dónde se recibió de profesora en 1977. Es profesora de Nacional de Educación Física (1980). Estudió en la Universidad Nacional de Quilmes Licenciatura en Administración Hotelera (2000).
Desde 1981 hasta 2019 ejerció la docencia en diferentes áreas e instituciones.
Incursionó en el teatro y la improvisación en varios talleres desde el 2003 al 2012.
Se formó en fotografía desde 2017 en diversas instituciones y con diferentes maestros, de la Ciudad de Buenos Aires (Escuela de fotografía Motivarte. Espacio fotográfico Marcelo Gurruchaga. Nick Alvi. Sebastián Moya. Ana Paula Far Puharre. Marcelo Pitarque. Carlos Di Nallo. Leticia Sahagun), dónde se perfeccionó en Foto Periodismo, Foto Documental, Astrofotografía, Iluminación y Lenguajes combinados, esta última área la llevó a interesarse en el collage analógico y concretar muchos de sus trabajos.
Actualmente reside en San Javier, Traslasierra, Córdoba.