
“El arte es el subsuelo de la patria íntima sublevada”
Soy Paula, nací en 1988 en Mar del Plata, ciudad en la que vivo, cerca del mar, los azulejos de la Catedral y los plátanos. Soy Profesora en Historia, docente en escuelas secundarias y en la universidad pública.
Tengo un habitar anfibio entre diversos territorios y saberes educativos y creativos que confluyeron en Poética del Caos, un proyecto cultural en el que combino la poesía, la pedagogía, la política y el collage para componer nuevas narrativas sensibles.
canMi producción surfea entre la urgencia de hacer algo con todo esto y el cuidado de conceder atención a lo fragmentario y caótico del proceso, un caldo primordial de la narrativa, de la pieza y de la comunidad que está por venir.
Reivindico las identidades populares y los materiales cotidianos, domésticos y en vías de descarte. Me gusta pensar que el arte es un bien irrenunciable de nuestras canastas básicas vitales, me gusta que se lo lleven en la misma bolsa de las verduras agroecológicas. Me gusta que se democratice su consumo y su ejercicio, que redistribuyamos la riqueza de la belleza. Me gusta tomar algunas decisiones,tener claro qué ambientes elijo: las ferias autogestivas, los festivales populares, la diversidad, los museos y espacios de defensa de lo público y de lo común. Me gusta entramar lo íntimo y lo colectivo.
Desde el 2025 participo de la Sociedad Argentina de Collage, junto con colegas de nuestra “Embajada Mar del Plata”.
Empecé armando cuadernos artesanales y el collage se fue filtrando en las tapas. La mayoría de mis obras son originales que se van en cada cuaderno y no las vuelvo a ver... Siempre que vendo uno me despido con amor, no me duele, hay un desprendimiento amoroso, una extensión que me entusiasma... ¿A dónde se habrán volado las Evitas aladas?, ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar, Alejandra?, ¿qué será de la nena violinista que eligió un cuaderno por las partituras?... Me gusta pensar que mis tapas abrazan secretos, amores y cartas para los Reyes Magos...
Hoy mis obras se han diversificado y me fui encariñando con los materiales cotidianos de nuestra memoria popular: postales, fotos antiguas, tapas de libros antiguos, recetarios, boletos de colectivos y tranvías, billetes, sobrecitos de ázucar, servilletas de cafés, estampillas, negativos, cartas, diapositivas, partituras, mapas, cuadernos escolares... Le sumo flores secas, acrílicos, birutas, hilos, puntillas, blondas...
Y el papel. Bendito sea el papel... su aroma, su fibra, nuestro asombro... por siempre.